Bienvenidos a una nueva versión del sitio.

Esta imagen muestra El Cerro del Águila, Cristo de Carácuaro, Arcelia, Sn. Miguel Totolapan y peculiaridades regionales como gastronomía, flora y fauna.

San José Poliutla, Guerrero en fotografías.

Ven y conoce Poliutla, un lugar con historia y tradición, no olvides visitar la iglesia y sus bellos retablos.

Compositor y violinista Ángel Tavira.

La tierra donde hay gente de mucho corazón, fragmento de la canción Zirándaro, aquí se observa el río Balsas y la música tradicional.

Esto es Tierra Caliente Guerrero.

El cuinique y la iguana animales bien arraigados en nuestra región, las tortillas y el famoso pan de Tlapehuala, la imponente figura de Fray Juan Bautista Moya, la parroquia de Poliutla y la de San Miguel Totolapan.

Tierra Caliente Guerrero, Michoacán y Edo. de México

¿Cuál es la mejor manera de identificar a un calentano? Por el simbólico y auténtico sombrero de palma, claro, de la mera cuna de éste: Tlapehuala, Guerrero. Representando también a la impresionante producción de mango en Ajuchitlán del Progreso.

martes, 31 de marzo de 2009

Ofrenda a Zirándaro, Guerrero.


Iglesia de Zirándaro de los Chávez

VIRGILIO BERMÚDEZ NÚNEZ
Cerro del Campo, viejo vigía de mi valle, que de tu altura acaricias de mi región las primicias abrazándola del talle, dame la velocidad del viento, de tus riscos y encinares, el que vuela en tus lugares y tiembla en mi pensamiento. Parda sierpe que desplazas tu cauce entre las montañas, el agua con la que bañas a la llanura sedienta, y al barro que se revienta, al germinar la semilla que sembrada en tus orillas, de rojo sangre te entinta al cosechar las sandías. Nombre hermoso “de las Balsas” que al bajar por la pendiente das en forma permanente, comida y baño a mi gente la de las plantas descalzas quiero en tus linfas viajar, como en un sueño lejano regresar con mis hermanos a mi origen rescatar. Añorado río del Oro el de andar húmedo y tibio, con el que siempre regresas a mi tierra a la que besas, y a su calor das alivio. Prendiste a mi sentimiento tu recuerdo milenario, imborrable relicario de tu cadáver violento. Nave y campanario añosos de la iglesia que levanta, su vuelo como paloma y que hasta el cielo se asoma, ante la grey que le canta su fe cubierta en rebozos. Aquel gigante Agustino Fray Juan Bautista de Moya, te erigió como una joya para ligar nuestro sino a la armonía que se apoya en Nicolás Tolentino. Vieja plaza de Zirandas del verde de la esperanza, de aquel pasado que alcanza mis juveniles amores, que ahí empezaron su andanza en septiembre trovadores en pos de niñas hermosas, con gracias de mariposas y rostros como de flores. Olor de lluvias primeras “Sanchicua” recién brotada aroma a tierra mojada yuntas que de madrugada, trazan rayas paralelas trabajan en las parcelas los que son hombres de veras. Del barbecho acariciado abierto en vientre feliz, ha de brotar el maíz, que en el han depositado para alimento sagrado, de gente de mi país que siempre lo ha cultivado. Rico Jagüey del saber primaria Riva Palacio, que ocupas en nuestro espacio la parte de los cimientos primeros conocimientos que en ti pudimos saber. Maestros siempre tuviste que los son de vocación, del huache en el corazón donde la bondad pusiste, de este modo nos abriste el gran globo del saber a gente de tu rincón, que el mundo fue a recorrer en conformada legión de enteros profesionales, salidos de tus eriales para dar su aportación. De hombres recios y valientes los recuerdos en cascada, me llevan a las charreadas de estilo Tierra Caliente donde piales y manganas se brindan a las pestañas de tus mujeres sonrientes. Cuando bajas del “tablado” morena hermosa de “huanancha” al viento tus faldas anchas, bailándole un zapateado al toro apretalado la reata estira en un brete al que ha de entrar su jinete. Cuando era niño sabía que la fecha se acercaba, cuando agosto veraneaba y allá por “La Rosalía” la recogida llegaba, el ánimo se aprestaba con montura y cueras nuevas, reata y sonoras espuelas a dar la mano en la arreada. De mi memoria recojo imágenes que ya van, al llano en día de San Juan todas vestidas de rojo mis labios de atole mojo, con su pinole y ciruela un viento que sopla en rachas, y la imaginación que vuela a los brincos de la reata en la que saltan las huachas. Fiel testimonio de alteza del pasado impresionante, yácatas que el caminante le recuerda la grandeza del tarasco que alcanzara, un horizonte sin fin lo mismo en San Agustín si a Pandacuareo llegara, a Catatemba asomara, Mexiquito contemplara, oculta entre la maleza Ciudad que en silencio llora, olvido, saqueó y tristeza contrastes de ayer y ahora. Al tiempo que ha de llegar quiero verme desfilando, por el barrio caminando hasta mi último lugar del caserío final, por el río hasta El Recodo, donde queda tu panteón en el alto farallón, tributo muy a mi modo donde se van las estrellas, a darle a mi corazón contacto eterno con ellas.

Despertardelsur.com

Desde hace 150 años es Huetamo Villa de Núñez

El apellido agregado, para honrar al general José Silverio Núñez, “muerto en defensa de la causa de la libertad”.
Archivo Histórico: el decreto obliga a cambiar el viejo nombre de San Juan Huetamo por el de Huetamo de Núñez.

Huetamo de Núñez 31 de marzo de 1859-31 de marzo 2009

ÁNGEL RAMÍREZ ORTUÑO
HUETAMO, MICH. La ciudad de Huetamo cumple hoy martes 31 de marzo del año 2009 una fecha trascendental ligada con su historia.
Hoy se cumplen 150 años de que durante un periodo de facultades extraordinarias del Congreso del Estado de Michoacán se decreta bajo el número 67 artículo único lo siguiente: “Para perpetuar la memoria del malogrado General D. José Silverio Núñez, muerto en defensa de la causa de la libertad; se concede al pueblo de Huetamo el título de Villa de Núñez”.
Tal decreto obliga a que desde esa fecha cambie el viejo nombre de San Juan Huetamo, en honor de su santo patrono San Juan, por el de Huetamo de Núñez, señala la jefa del Archivo Histórico local, María Guadalupe Martínez.
La historia de nuestra ciudad es rica en matices, agrega la historiadora egresada de la Universidad Michoacana, “y se tienen antecedentes de que primero se le conoció como Alcaldía Mayor en tiempos de la conquista, luego, la división territorial del estado en concordancia con la Ley del 15 de Marzo de 1825 aparece el Departamento de Oriente, con Zitácuaro, Tlalpujahua, Zinapécuaro y Huetamo.
Para el 10 de diciembre de 1831 Huetamo como agrupación estaba formada por el municipio del mismo nombre, Pungarabato y Coyuca, y tenía como tenencias a Tiquicheo, Purechucho, San Lucas, Cutzio, Zirándaro, San Agustín, Santiago y San Jerónimo, y era además cabecera del departamento del Sur.
Sin embargo, queda claro que desde tiempos de la Colonia, en 1525, el poderío económico, político y militar de Huetamo era determinante, al grado de que se constituyó en su territorio la primera Alcaldía Mayor de Tierra Caliente y en capital central de 12 Repúblicas de Indios, entre ellas Cutzio, Purechucho, Santiago Conguripo, San Jerónimo Mazan, Turipécuaro, Pungarabato, Tlapehuala, Tanganguato, Zirándaro, San Agustín Guimeo y Coyuca.
La historiadora reconoce que en la actualidad Huetamo se ha desmembrado, y que sólo conserva cuatro de aquellas viejas repúblicas: Cutzio, Purechucho, Santiago y San Jerónimo.
Del nombre de José Silverio Núñez, los historiadores no logran ponerse de acuerdo en su origen, dado que se menciona que pudo haber nacido en Durango, Puebla o Jalisco, pero la propia historiadora Martínez cita en uno de sus libros que murió combatiendo un día 4 de octubre de 1858 cerca del convento de Santo Domingo, Estado de Jalisco, al momento que comandaba las fuerzas liberales.
Así las cosas, sólo cinco meses después de su muerte, el Congreso de Michoacán le hizo justicia al agregarle su apellido al pueblo de Huetamo, dado que el 31 de marzo de 1859 se firma ese decreto, sin embargo, en Huetamo tal fecha pasa desapercibida, informa Martínez, al grado de que tras solicitar que se recordara tal fecha en el 2008, no hubo respuesta de las autoridades municipales.
Por último, la citada historiadora informó que por decreto de Cabildo, hace varios años la fecha del 13 de diciembre había sido declarada como día festivo, pero que por razones desconocidas, tampoco se ha respetado esa fecha, misma que se constituyó como el día en que se fundó Huetamo, pero que tampoco ha tenido contrapeso histórico que la sostenga.
Nota de Despertardelsur.com

jueves, 26 de marzo de 2009

Filiberto Vargas Tentory, de Carácuaro a Morelia.

A sus 88 años de edad prefiere sumergirse en el mundo de sus libros con perfume olor a pasado.
Filiberto Vargas Tentory, sabio, humanista y longevo hombre de Caràcuaro

SAMUEL PONCE MORALES/
ÁNGEL RAMÍREZ ORTUÑO
HUETAMO, MICH. En la orilla del Centro Histórico, al casi inicio de la Obrera, está posicionado un nada pequeño islote provinciano, ruralmente hablando. Se trata prácticamente de una horizontal estampa caracuarense. Ahí vive el profesor Filiberto Vargas Tentory, quien a sus 88 años de edad prefiere sumergirse en el mundo de los libros.
En medio de ese sitio, de la biblioteca, en cuyos lados hay decenas, centenas de libros con perfume con olor a pasado, por nada conviven, a centímetros de distancia, un moderno equipo de cómputo y una antigua máquina de escribir, de aquéllas, de las buenas, de las de los inicios de mil novecientos...
A la entrada de la casona, en donde, en el interior, en el corredor, en la sala, en la biblioteca, se pueden admirar cuadros con imágenes inconfundibles de rústicos paisajes característicos de la ya legendaria región de Tierra Caliente, hay una pequeña pero visible frase: “Bienvenidos, mi casa, tu casa”.
El hombre con la bondad que da el arribo a esos años, nos recibe en la biblioteca situada en la parte de arriba de la sala. De pequeña estatura mantiene una memoria como escasísimos de su edad, de hecho, la gran mayoría de sus pares, y nones, de su generación, gradualmente han emigrado al más allá.
Él, un aficionado de “corazón” del Monarcas Morelia, se considera un creyente pero no católico. “Yo creo en el Santo Cristo Negro de mi pueblo, y en mis padres y mis abuelos”.
“Viva Cristo Rey, cabrones”
Nació y vivió hasta los ocho años de edad en Carácuaro. De esa niñez, de los últimos momentos que estuvo en su tierra natal, recuerda que le impacto en demasía el asalto que hicieron los cristeros al pueblo y el infructuoso intento por matar a su padre, a don Fortino Vargas Santoyo.
“Me impactó mucho al verlos con gabanes y unos sombreros así, arriscados, y en ellos muchas imágenes, con Máuser y 30-30 en la mano, gritando ‘Viva Cristo Rey, hijos de la chingada, viva la Virgen María, cabrones’, y queriendo prender fuego a la casa de mi papá”.
Cuenta que don Fortino Vargas logró salvar su vida, porque supo que los cristeros iban también por él. En el pueblo, resalta, ellos quemaron la alcaldía, La Perla Negra, así se llamaba una tienda, y en medio de eso balearon y mataron “como a un venado” a un ejidatario que atravesaba el río en su huida hacia Nocupétaro.
“Y, por eso, nos venimos a Morelia, porque iban a matar a mi padre. Nos salimos caminando en la noche, con mi madre, los cuatro hermanos, entre ellos una pequeña de tres o cuatro meses. Hicimos la salida rumbo a Huetamo y oscura la noche caminamos; y a dónde dimos vuelta, no lo recuerdo, pero sí que llegamos a Morelia”.
Lo que quedó atrás
“Nosotros en Carácuaro teníamos un tiendita en la que vendíamos percal, manta y otras telas. Yo, nomás atravesando la calle, iba a la escuela que estaba donde vivió el cura Morelos. ¿Usted sabe que Morelos estuvo once años de cura en mi pueblo?
“Ahí, en Carácuaro, abrazado por un río, la diversión de niño es bañarse en el afluente, sobre todo cuando crece por la época de lluvias. Va uno a nadar, a montarle a los burros de agua, que se van así... Y yo iba, fui muchas veces.
“Cuando vivía en el pueblo no teníamos más ambiciones que llegar a cuarto año de primaria, lo que se llamaba como primaria elemental, así que no había ni quinto ni sexto. No, no realmente, no me veía como profesor ni como nada”.
El gran, el enorme ferrocarril
Si bien ya su papá lo había traído a la capital michoacana, a alguna cosa, “no sé a qué”, cuando su familia se asentó con el apoyo de un tío padre, en aquellos días lo que más le impactó de la ciudad fue mirar al gran, al enorme ferrocarril. “Ése era nuestro paseo, porque no teníamos dinero para ir a otro lado”.
“Les pedía a mi papá, a mi mamá, que arreglaran a los muchachos porque los iba a llevar a la estación; para nosotros era un lujo ir allá y esperar el arribo del ferrocarril, del tren, oírlo pitar y verlo venir, bufar, echar vapor y observar sus grandes ruedas de fierro, así era”.
Escuela nomás de sexto grado
En Morelia concluyó la primaria, hasta el sexto grado, y entró a secundaria, al Colegio de San Nicolás de Hidalgo. Sin embargo, en ese tiempo la familia se trasladó a la capital del país, pero ante la imposibilidad de instalar un molino de nixtamal, decide regresar a la entonces sí ciudad de la canteras rosas, decidiendo él entrar a la Normal.
De su época en la primaria rememora su estancia en la escuela de sexto año, ubicada en el Ayuntamiento moreliano, y en la cual no había grupos de primero, segundo, tercer, cuarto o quinto... “nomás había el de sexto y ya”.
“Ahí nos preparaban no sólo para entrar bien a la secundaria, sino que en muchos casos para enfrentar a la vida”.
En esa escuela, cuyo modelo no logró concretar en su paso por el área educativa, aparte de las usuales, impartían clases hasta de taquigrafía, mecanografía, electricidad y de carpintería, por lo que, sostiene, “algunos de mis compañeros vivieron toda su vida de lo que aprendieron ahí, como Jesús Hernández”.
El maestro rural en un poblado minero de Jalisco
En la biblioteca se pueden divisar, aunque de reojo, aparte de menos de una docena de fotos de familiares y amigos, media decena de esculturas, en su mayoría de color blanca, que pueden decir todo y a la vez nada. Juntos están desde un elefante, pasando por una virgen, hasta llegar a un Quijote, sin obviar una figura prehispánica.
De sus primeros años como maestro rural en un poblado minero jalisciense, El Amparo, recuerda que trabajaba tres turnos: de 9:00 a 12:00, de 15:00 a 18:00 y el último, en el cual daba alfabetización, en la noche.
“Ése era mi trabajo”, dice con un orgullo elevado al cuadrado. Eran los tiempos en que había mucho contacto entre los profesores, los estudiantes y los padres de familia.
Y, “sin mayores pretensiones” habla de cómo en los inicios de la década de los 40, los mineros del lugar le reconocieron su trabajo en la comunidad, dándole un buen sitio para vivir y una partida de diez pesos al mes, que se sumaba a su sueldo de 112 pesos, pero, justifica, “le pegábamos duro, desde tempranito hasta que se hacía noche”.
En El Amparo impulsó el deporte, en especial el basquetbol, y en el teatro cada mes hacía obras y eventos para que los muchachos y muchachas cantaran, bailaran, recitaran y hasta se echaran sus discursos patrióticos.
— ¿Y las novias?
—Bueno, ya habíamos dejado algunas cosas por acá. Ahí no nos queríamos meter mucho porque no conocíamos el terreno.
Misionero cultural
Después de su paso por El Amparo fue miembro y jefe de misiones culturales en varias comunidades michoacanas, sobre todo en los municipios de Coalcomán y Villa Victoria. Sostiene que de un municipio para otro se hacían, a caballo, diez horas de camino.
Entre lo más importante que hizo la misión en Villa Victoria, entre 1942 y 1943, fue crear las condiciones con todos y cada uno de los rancheros encaminadas a trazar y hacer el camino “para meter el primer camión al pueblo y... lo hicimos”.
El pecho en la SEE
En su cargo como responsable de la política educativa michoacana, del 92 al 94, reconoce que no logró grandes proyectos, porque lo más importante era detener y atender la avalancha de exigencias de seis grupos sindicales en pugna, entre los cuales figuraban los Delfino; los Solache, los de Gordillo y otros tantos.
Personalmente le puse el pecho a los problemas magisteriales, a los grupos sindicales que se querían significar por el grado de agresividad para exponer sus exigencias, afirma.
Sin embargo, acepta que “cuando se empezaron a salir de la Secretaría de Educación y llegaron a Palacio de Gobierno, e ir a la Casa de Gobierno, e ir a los bancos, e ir... ya se puso peor la cosa y yo me tuve que ir”.
Los que se le adelantaron
—Ya casi cumple 89 años…
—Yo tengo 88 años.
— ¿Ya considera que está en su última etapa?
—No, yo me considero muy apto y sigo trabajando, haciendo libros. Yo sigo trabajando”.
—¿Pero, a estas alturas, ha visto caer muchos colegas, muchos amigos?
—Sí, se me adelantaron nomás.
—Pero bastantes yo diría, ¿no?
—Muchos, casi todos. De mi generación de la Normal, creo que quedaremos unos dos, tres.
— ¿Y eso a qué se debe?
—Pues la preparación física y mental que cada uno recibimos. A mí me enseñaron mis padres a trabajar desde que tenía tres años. Me mandaban con un morral de naranjas en Carácuaro a venderlas a las casas, o con una cazuela de zóricua, con un huanchipo en la cabeza e ir y tocar y decir: “Tía fulana no quieres, no me compras esto”, es decir, siempre estuve ocupado. A mí no me enseñaron a descansar.
— ¿Y vicios? ¿Tuvo vicios?
—Fumé, pero un día a las siete de la mañana lo primero que hice fue prender un cigarro y yo mismo me dije: ‘como va a ser fumar a las siete de la mañana’, apagué el cigarro y dije ‘no vuelvo a fumar’, y de eso hace 30 años».
— ¿Y de tomar?
—De tomar, me tomo una copa o dos, nunca más. No soy...
— ¿Y mujeres en su juventud?
—Eso sí.
— ¿Muchas mujeres?
—Algo.
—Si le tocara morirse en estos tiempos, ¿se iría tranquilo?
—Muy tranquilo.
Educación, por la señal...
El ex secretario de Educación en Michoacán, Filiberto Vargas Tentory, dice que hoy en día la educación tiene que realizarse haciendo, “sin faltarle el respeto a las cuestiones religiosas”, la señal de la cruz: horizontal para que llegue a todo el estado y vertical para que sea de calidad.
Y en ese sentido, establece, se requiere hacer reformas “de todo a todo” y, añade, si bien los recursos económicos siempre van a ser insuficientes, los humanos no deberían fallar y lo están haciendo, sobre todo cuando dejamos a los niños sin escuela.
A lo anterior hay que agregarle si a los pequeños escolares que asisten tampoco les damos la educación que se requiere, pues estamos fallando. “Entonces es necesario hacer una revisión para saber qué parte de responsabilidad tiene cada una de las partes involucradas”.
Se trata también de encauzar una real coordinación y vinculación educativa, toda vez que cada uno de los niveles educativos por los que va uno a pasar son diferentes entre sí. Se requiere que haya un seguimiento entre los niveles para que no se pierda lo que se ha estado haciendo.
Aún así, para aminorar el problema educativo se necesita más que voluntad política de las partes que intervienen, ya que cada una de ellas antepone intereses ajenos, entre los cuales se señala el económico, “se maneja mucho dinero, pero mucho, mucho”.
El camino andado
Filiberto Vargas Tentory nació en Villa de Carácuaro el 16 de diciembre de 1920. Egresado de la Escuela Normal, dependiente de la UMSNH, fue maestro rural, inspector escolar, integrante y jefe de misiones culturales y visitador especial de la SEP en varios estados del país.
Además, en la SEP fue subdirector general de Educación Primaria, subdirector general de Alfabetización y Educación Extraescolar, director de Servicios Educativos en el Medio Rural y director nacional del Sistema de Telesecundarias.
En su participación en comisiones de carácter internacional, destacan la de delegado de México ante el Consejo Internacional Cultural de la OEA y ante la Conferencia Internacional de Educación, en Ginebra, Suiza, por parte de la UNESCO.
Autor de diversos libros, entre ellos el que realizó cuando era becario de UNESCO: CREFAL: Jarácuaro, relato de una experiencia de desarrollo de la comunidad.
Actualmente se dedica a la coedición de libros, entre los cuales resaltan “México y sus revoluciones sociales en la educación y Los datos geográficos de los 113 municipios de Michoacán”.

Nota de Despertardelsur.com

martes, 3 de marzo de 2009

Bulmaro Bermúdez: Autor de “Caminos de Michoacán”

TENDRÍA 83 AÑOS EL AUTOR DE “CAMINOS DE MICHOACÁN"
Bulmaro Bermúdez nació el 8 de enero de 1926 en Ario de Rosales y murió por diabetes en noviembre de 1994.
-Escribió también “La del morral”, “La de la mochila azul”, “La silla vacía” y “Sonora y sus ojos negros”
Bulmaro Bermúdez compositor de Caminos de Michoacán.

ÁNGEL RAMÍREZ ORTUÑO
HUETAMO, MICH. Nacido en Ario de Rosales el día 8 de enero de 1926, Bulmaro Bermúdez celebraría en esta año del 2009 sus 83 años de vida, pero el peluquero, marino errante e inspirado compositor que dejara para la posteridad el tema “Caminos de Michoacán”, un verdadero himno popular de la michoacanía repartida en todo el país, moría en el año de 1994.
Un día Bulmaro dejó atrás las verdes huertas de aguacate de Ario de Rosales, su tierra natal, donde naciera también el Buky Mayor, Marco Antonio Solís, otro fenómeno de la música, pero Bulmaro, sin más oficio que saber cortar el pelo, muy joven se enroló en la marina mercante y tras cansarse de dar vueltas al mundo y dejando amores de puerto en puerto, con cuadernos repletos de versos en su morral, y con cuarenta años de edad se bajó en Veracruz.
Bulmaro, de marino errante pasa a desempleado cuarentón, y de esa forma, cargado de ilusiones bajó a tierra firme y viajó a la capital del país, en busca de un promisorio futuro, pero la vida no le sería nada fácil y apenas si consigue un puesto de peluquero en la colonia San Rafael, donde tiene la fortuna de conocer a figuras de la talla de Antonio Aguilar, José Alfredo Jiménez, a la “Tigresa” Irma Serrano.
Con tesón, logra grabar el tema “La del morral”, y el nombre de Bulmaro se volvió famoso, logra comprarse casa en Atizapán, pero pasarán varios años sin que la diosa fortuna le coloque otro tema en el mercado musical de los años setentas, y apachurrado fue a visitar a su padre a Michoacán, quien antes de morir le encargó a una chiquilla que él había criado, y no sólo se hizo cargo de ella el tremendo Bermúdez si no que se casó con ella y procreó una gran familia.
Después llegaron temas como “La de la mochila azul” y “La silla vacía”, pero el trancazo musical por excelencia fue la letra de un corrido que describía con magia geográfica los pueblos y regiones de Michoacán, claro, entre ellos Huetamo, ya que Bulmaro juega con las letras en persecución de una dama que se entrevera en los caminos de Michoacán y aparece en Uruapan, Zamora, Apatzingán, Huetamo, Zitácuaro, Morelia, Villa Escalante, La Piedad, La Huacana, Nueva Italia y otros puntos.
Hombre sencillo y humilde, Bermúdez escala en poco tiempo fama y de la mano con Emmanuel, el Acapulco Tropical, Juan Gabriel y otros famosos, hasta que la diabetes lo traicionó un día 11 de noviembre de 1994, fecha en que muere también el cómico mexicano Manuel Martínez “Palillo”, y quedó sepultado en el cementerio parque Memorial en el Estado de México, hasta donde acudió a darle un postrer adiós el huetamense Martín Urieta.
En el final de su carrera, Bulmaro Bermúdez dedicó al estado de Sonora su último y famoso corrido, con sello especial para su amigo Luis Donaldo Colosio, y tituló ese tema: “Sonora y sus ojos negros”, que a la postre homenajea a Caborca, Puerto Peñasco, Cananea: “En un camión pasajero/ de esos que van pa Sonora/ yo iba cansado y con sueño/ cuando subió una señora/ con unos ojazos negros/ y una voz encantadora (…) yo iba para Magdalena / ahora voy pa’ donde sea”...

NOTA DE EL DESPERTAR DEL SUR.

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Ubicación Geográfica de Tierra Caliente

Se ubica al noroeste del estado, colindando al norte con el estado de Michoacán y el estado de México, al noreste con el estado de Estado de México y la región Norte, Al noreste con el estado de Michoacán, al oeste con la región de la Costa Grande, al este con la región Norte y Centro y al sur con la región de la Costa Grande.

Es conocida como "la región regia" del Estado de Guerrero, debido a que la mayor parte de sus habitantes poseen rasgos de tipo europeo, abundantes en piel blanca y ojos claros. La mujeres "calentanas" son consideradas por muchos, como las más bellas del sur de México.

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